viernes, 27 de febrero de 2015

"La vasija de la educación infantil"


Había una vez, un grupo de maestras que no hacían más que pensar como sería su aula de Educación Infantil ideal.
Para ellas, una buena relación con los alumnos era de vital importancia, pretendían ante todo que en sus aulas predominaran la seguridad y la confianza, creando así un  clima relajado y acogedor  en el que todos los niños pudieran expresarse libremente, siguiendo su propio ritmo de aprendizaje e interaccionando con sus iguales de una manera activa y divertida.
Ellas  consideraban que, las raíces  que sustentaban una buena educación radicaban en la vocación que la docente sentía. Una actitud empática y comprensiva, que les permitiera disfrutar el trabajo con los niños.
Un día, de tanto pensar, se dieron cuenta que no solo bastaba  con mostrar  una buena actitud  hacia los alumnos, sino que había que favorecer la cooperación  entre Familia-Maestro/a-Escuela.  Solo así podrían llegar a cubrir las necesidades  básicas  de estos peques y saber  cuáles eran las carencias en las que estas docentes debían incidir.
Otra pieza fundamental del puzzle era como hacer de la gran aventura de enseñar, como transmitir a sus pequeños alumnos lo importante que eran tener buenos valores con los que afrontar la vida desde una perspectiva optimista, luchadora y activa en todo momento partiendo de sus propios intereses. Para poder conseguir todo aquello que se propusieran estaban completamente de acuerdo en que era imprescindible el elemento de la formación permanente ya que vivimos en un mundo cambiante, que evoluciona y siempre hay que avanzar, aprender y amoldarse.
Cuento contado, cuento acabado ojalá algún día estas futuras docentes consigan su sueño.